EL AMOR Y LA ENERGÍA
Hace unos años le pregunté a un amigo mío:
“¿Cómo definirías el amor?”
“Yo creo que es energía” -Me dijo (a mí me venía esta respuesta hace tiempo).
El amor es la energía más poderosa y más elevada que existe. Cualquier energía de vibración inferior es disuelta en el amor.
Personalmente soy de educación católica, pero no me adscribo a ninguna religión en particular. Creo que creer en Dios es creer en el amor y en lo mejor que existe en uno mismo. A mí no me hace falta más (de hecho creo que esto lo es Todo).
Por otro lado, si creo en un Dios, Éste sólo es un Dios de amor. A veces me han respondido:
“¿Pero Dios también castiga, no?”
A esto yo respondo que el castigo es obra nuestra; Dios nos da libertad, y tras este regalo es labor nuestra asumir la responsabilidad para guiar nuestra vida.
Hace tiempo pensé: “Entonces, si el amor es energía, y
Dios es amor,
entonces Dios es energía”
Nadie puede definir a Dios; si me pidieran que, dentro de mi limitación humana, intentara decir qué es Dios para mí, respondería: “Energía de amor infinita”.
Llevamos mucho tiempo con la ciencia y la religión en conflicto. Si dejamos al margen las religiones y sus conceptos mentales, nos queda Dios y la ciencia.
¿No será la ciencia la comprensión que vamos teniendo acerca de Dios?
De hecho el Universo es infinito, como Dios.
Hay que tener en cuenta que el conocimiento científico siempre está en evolución: cada día sabemos más Física, Medicina,...
Por otro lado, en la religión se nos habla de milagros. Existen en la medicina incontables casos de curación “milagrosos”, para los cuales aún no tenemos explicación científica.
¿Y si los milagros fueran ciencia que aún no entendemos?
Hay que recordar que los milagros han sido siempre atribuidos a personas con gran capacidad de amar, por lo que se puede creer que:
El amor consigue lo imposible.
Lo que sí que podemos hacer, desde este momento, es intentar ser lo más abiertos posibles ante lo inexplicable, y dejar que el amor nos guíe en todas nuestras acciones para conseguir nuestro bien más elevado y de los que nos rodean.