¿NOS DEJAMOS GUIAR POR LOS PREJUICIOS?
Creo que la respuesta es tan afirmativa que espero no caer yo en comentarios prejuiciosos aun hablando del prejuicio.
Desde los orígenes de la Historia, el prejuicio y el hombre han ido cogidos de la mano.
Los expertos definen el prejuicio como una creencia negativa sobre un grupo en base a una información sin fundamento y no basada en la experiencia. El prejuicio siempre conduce a la discriminación, que es una conducta hostil hacia dicho grupo.
Hay que comprender que el prejuicio, a pesar de ser negativo y destructivo, basa su razón de ser en el desempeño de una serie de funciones:
- Nos ayuda a controlar el medio en el que vivimos, ya que gracias a la información que nos da el prejuicio, creemos que seremos capaces de predecir comportamientos de otras personas.
- Defensa del ego. Nos viene muy bien denigrar a un grupo de personas (ya sea por su color de piel, nacionalidad o creencias), porque así podemos adjudicarles todos nuestros defectos y errores, de forma que así nosotros quedamos limpios y nos sentimos superiores (lo que se llama en Psicología “proyección”).
Desgraciadamente, aunque el prejuicio nos otorga comodidad y cierto control, también ha llevado a infinidad de personas a la tortura y a la muerte, con lo cual es un elemento peligroso en nuestra convivencia.
Para contrarrestar el prejuicio y sus nefastas consecuencias, creo que sería útil que hiciéramos algo de lo siguiente:
- emplear constantemente nuestra capacidad de autocrítica, porque hemos venido a este mundo a aprender, lo que implica que todos, sin excepción, cometemos errores.
- hacer revisión de nuestros esquemas mentales y actualizarlos periódicamente en función de nuestra experiencia, evitando todo lo que podamos las generalizaciones. Nuestros esquemas nunca serán perfectos, pero sí que podemos hacerlos más completos y que por ello se irán acercando cada vez más a la verdad.
En lo que a mí respecta, he perdido la cuenta sobre la cantidad de veces que he tenido prejuicios (cosas que yo creía verdades absolutas) y la experiencia se ha ido encargando de tirar por tierra a base de curas de humildad (y las que me quedan).
Es labor de todos tender a la comprensión colectiva (en contra del ego colectivo), y a la integración (en vez de la discriminación), porque la vida siempre se ha originado a partir de la unidad. Aceptar a otras personas con todas sus peculiaridades significa aceptarnos a nosotros mismos, lo que nos permite crecer y ser cada día mejores.