EL DOLOR Y LO QUE NOS ENSEÑA
Siempre huimos del dolor; es normal, ya que todos sabemos que es lo más desagradable que existe. A nivel mental y espiritual, el dolor encuentra su equivalente en el sufrimiento.
Sin embargo, el dolor no aparece para castigarnos; al contrario, aparece como mecanismo de defensa, con un papel protector, alertándonos de que se está produciendo un daño.
Se pueden diferenciar 2 tipos de dolor:
- Dolor punzante o rápido: Tiene una localización precisa, y desaparece generalmente también de forma rápida. No suele ir acompañado de un componente emocional intenso.
- Dolor quemante o lento: Se inicia lentamente, con una localización difusa, y es persistente. Tiene un gran componente emocional, y va acompañado de reacciones cardiovasculares y respiratorias, además de provocar, entre otros problemas, alteraciones del sueño.
Generalmente, en las enfermedades suele ser más frecuente el dolor lento. No es casualidad que este tipo de dolor pueda afectar al corazón y a los pulmones; sabemos que el corazón es nuestro centro emotivo, y los pulmones manifiestan nuestra capacidad de contacto y permeabilidad con la vida.
Fisiológicamente, el dolor puede aparecer por muchas causas: estímulos químicos, espasmos, distensiones,... pero también es evocador el hecho de que una de las principales causas del dolor es la isquemia, que consiste en la falta de irrigación sanguínea.
Sabemos que la sangre es la sustancia vital, es nuestro combustible, y que entre otras cosas realiza el transporte de oxígeno y otros nutrientes a nuestras células.
Por todo ello, ante el dolor, tras la inicial reacción de huida, quizá sería constructivo que lo consideráramos un maestro que nos está indicando el camino correcto.
Así que, cuando experimentemos un dolor físico, tal vez deberíamos plantearnos algunas cuestiones:
¿Hay algo que me esté oprimiendo?
¿Siento mi afectividad herida?
¿Hay alguna situación en mi vida que me está haciendo daño?
¿Me cuesta fluir?
Sé que aceptar el dolor da miedo, pero también creo que es la única forma de curación verdadera, pues el cuerpo que tenemos es gobernado por la mente y, en un nivel superior, es guiado por el alma.
Ánimo. Vamos allá.