EL SUFRIMIENTO Y SU TRANSFORMACIÓN

 

 

        EL SUFRIMIENTO Y SU TRANSFORMACIÓN

 
         El sufrimiento es al alma lo que el dolor físico a nuestro cuerpo, de hecho podríamos definirlo como “dolor del alma”.
         Puede llegar a comportarse como un agujero negro si lo permitimos, de forma que todas nuestras motivaciones, ilusiones y felicidad pueden ser absorbidas y disueltas en el sufrimiento.
         Pero curiosamente, y como todo en la vida, toda experiencia aparentemente negativa guarda en su interior la llave que abre la puerta a algo realmente bueno para nosotros y que nos puede ayudar a sentir la felicidad.
         Lo único que nos construye, como seres humanos, como seres con alma, es el sufrimiento, y dentro de éste, aquél que no hemos perseguido voluntariamente y del que hemos aprendido.
 
         El sufrimiento nos abre las puertas a dos opciones, que pueden marcar el camino que elijamos en nuestra vida:
 
-         Existe el camino del resentimiento y de la culpabilidad. Es el sentimiento de que “Yo soy la víctima y el mundo es el verdugo”, “El mundo está contra mí”, y pensamientos por el estilo.
     Es un camino marcado por nuestra resistencia a que pase lo que tenga que pasar, aunque sea inevitable. Es destructivo, tanto nosotros mismos como para los demás.
     No asumimos ningún tipo de responsabilidad sobre nuestra vida; nosotros somos inocentes de todo; esto va unido una capacidad nula de autocrítica, donde todo lo hacemos bien y no tenemos nada que cambiar (o lo que es peor: creemos que no podemos cambiar).
 
 
-         Por otro lado, existe el camino de la aceptación; aceptar significa que todo lo que nos está pasando, aunque nos haga sufrir, es para crecer, para nuestro bien más elevado.
    Hay algo que tenemos que aprender, y estamos dispuestos a     ello.
    Y el Universo está diseñado de tal forma que cuando    aceptamos, es decir, cuando fluimos con lo que nos rodea y permitimos que sea lo que haya de ser, el milagro se produce, y las cosas empiezan a mejorar; nos da la sensación de que las cosas van a nuestro favor.
    Todo este proceso nos permite llegar a alcanzar humildad; de forma que finalmente podemos conectar con otro ser humano, de tal forma que podemos percibir su dolor y sentir compasión.
 
            El sufrimiento es un proceso que nos puede abrir los ojos ante la realidad de que somos uno con el mundo, de que estamos todos conectados, y de que estamos destinados para ser felices y para compartir el amor.

                               


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